la importancia plan B

La importancia plan B

Cuando se lleva mucho tiempo desarrollando un proyecto, como por ejemplo crear un nuevo negocio o prepararse oposición, a veces no se es consciente de que en algunas ocasiones el plan puede salir mal y no se llegue a conseguir el objetivo deseado. Cuando se estudia una oposición lo mejor que puede pasar es que se haya aprobado y se consiga la plaza por la que tanto se ha peleado. Pero… ¿qué ocurre cuando hay que cerrar el negocio o, cuando después de haber invertido muchos años en una oposición, se suspende? En la mayoría de ocasiones las personas quedan perdidas, desmotivadas y desorientadas. Se ha invertido tanto tiempo en ese proyecto que ahora no se sabe qué hacer. De ahí la importancia de reservar un tiempo para crear un plan B.

¿Qué es un plan B?

Es un plan que se usa en el caso de que el plan principal, es decir, nuestro plan A falle.

¿Para qué sirve el plan B?

Tener un plan B es como tener “un as bajo la manga”. Voy a poner un ejemplo. Imaginemos que se está preparando una oposición. Una oposición lleva mucho tiempo prepararla, desde meses hasta varios años estudiando. Y al ser un examen, pueden ocurrir 2 cosas: aprobar o suspender. El plan B en este caso serviría para dar seguridad, es decir, saber qué se va a hacer una vez que la oposición haya acabado y se haya obtenido un resultado negativo o se esté esperando el resultado. Por ejemplo, se podría haber decidido preparar otra oposición o seguir en el trabajo que se estaba. Hay muchas personas que después de acabar la oposición no saben qué hacer con su tiempo libre y se encuentran como sin rumbo. Por eso, planear una alternativa da la seguridad de que no se va a caer en ese limbo que suele ocurrir cuando se invierte mucho tiempo en un proyecto.

También sirve para no caer en la incertidumbre ni en la distracción de estas preguntas estilo ¿Lo estoy haciendo bien? ¿Me estoy equivocando? Sabes que ahora has tomado esa decisión y es tiempo de apostar por lo que estás haciendo y, gracias al plan B que ya tienes pensado y preparado, sabes que si no se consigue la oposición tienes otros planes que poner en marcha. Luego ya no tienes que pensar en esas preguntas que, en vez de animar, desmotivan.​

El plan B también da la oportunidad de analizar el plan A, es decir, lo que se está haciendo en el presente, pero desarrollarlo de una forma mejorada. Imaginemos que se está en un negocio y no se están obteniendo las ventas esperadas. Al diseñar un plan B lo que se hace es analizar cómo se ha  actuado hasta la fecha (plan A) y ver qué aspectos están fallando, y se deben de mejorar, y cuáles están funcionando, y se deben de mantener o apostar más fuerte por ellos. Es una forma de obtener soluciones para mejorar el plan actual.​

Este “as bajo la manga” también puede servir para valorar otras oportunidades que antes no se habían evaluado y dirigirse hacia otros retos y objetivos; es decir, da la oportunidad de ser flexibles e ir amoldándose a nuevas situaciones. Es ponerse en la situación del “peor escenario posible”, anticiparse a cualquier caída y actuar nada más producirse. El saber que, pase lo que pase, se tiene una dirección a la que ir, dotándonos de confianza y seguridad. Ya que no se notará la sensación de estar perdidos.​

La estrategia del plan B ayuda a limitar los riesgos que se toman a la hora de realizar el plan A. Algo típico que suele suceder con los emprendedores cuando crean su primera “startup” es que realizan grandes inversiones iniciales antes de que el producto haya sido testado con clientes reales. En este caso, realizar un plan B se reduciría a pensar ¿Qué vamos a hacer si el producto fracasa? Si la respuesta es algo como “vender nuestras casas y coches para pagar las deudas que hemos adquirido”, entonces se debe de considerar muy seriamente la estrategia del plan A. Por ejemplo, se podría crear un prototipo o demonstrador inicial de bajo coste para realizar un test de mercado y así ver realmente si el producto tiene la aceptación esperada antes de realizar grandes inversiones. Esto retrasaría el lanzamiento del producto final pero reduciría enormemente el impacto económico en el caso de que la idea fracasara.

¿Cómo se realiza un plan B?

En realidad la dificultad de  la elaboración de un plan B depende de la decisión que se vaya a hacer. Lo primero que se debe de realizar es establecer una fecha para realizar el plan. Es mejor si el plan B se realiza mientras el plan A está en marcha. Es decir, si el plan A es estudiar una oposición, estaría bien tomarse unos días mientras se está en ese proyecto para ir haciendo el plan alternativo.​

Hay varias preguntas que se puede contestar. Pero aquí os dejo tres que pueden servir de ejemplo.

¿Cuál es mi objetivo final? ¿Por qué quiero aprobar esta oposición o que triunfe este negocio?

Ejemplo: Obtener estabilidad económica.​
¿Cuáles son mis opciones para conseguir mi objetivo final en el caso de que el plan A falle?

Ejemplo: Estudiar otra oposición, dar clases particulares, buscar trabajo en empresas privadas o montar un nuevo negocio.
Elegir la opción más factible. ¿Qué hago después de terminar la oposición? ¿Qué hago si mi negocio da pérdidas?

Ejemplo: Buscar un trabajo a tiempo parcial y preparar la siguiente oposición.

Os voy a decir un ejemplo de plan B que la mayoría de personas han hecho en su vida y quizá no hayáis caído en ello. Cuando se acaba el instituto (pufff qué lejano me suena eso) mandan una carta para que se elija la carrera. Ahí hay una tabla de unas 10 casillas donde se tienen que ir poniendo por orden de preferencia las carreras que se quieren estudiar. La que más gusta la primera y la que menos gusta al final. Eso son planes B. Tú apuestas por la carrera que más te gusta, pero si luego no puedes entrar por la nota de corte no te quedas en el limbo. Sabes que tienes otra alternativa que es la segunda carrera que elegiste.​

Lo mismo ocurre con otras situaciones, quizá más complicadas, como: ¿Qué hago si no me aceptan en el máster? ¿Qué pasa si suspendo la oposición? ¿Qué puedo hacer si mi empresa no está dando frutos?

Cómo veis, el plan B sirve para todo y para todos. Tener ese as bajo la manga dará seguridad, confianza y tranquilidad al apostar sobre el proyecto que se está haciendo. Ayudará a ser precavidos y a tener una alternativa viable en el caso de que nuestra principal apuesta falle.

Y tú, ¿tienes ya tu plan B?